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viernes, 9 de noviembre de 2012

La Biblia y el Arte: Historia de Samuel, por Samuel Ayoso Jiménez


Samuel significa "Dios me ha escuchado" (Samu: me ha escuchado El: Dios).
En la S. Biblia la historia de Samuel es una de las más interesantes y hermosas. Está narrada en los libros que se titulan 1º y 2º de Samuel, en el Antiguo Testamento.
Era hijo de Elcana y Ana, dos israelitas muy creyentes. Ana tenía la enfermedad de la esterilidad que le impedía tener hijos y por eso la otra esposa de su marido la humillaba continuamente. Ana lloraba de continuo y ya no quería ni comer.
Y sucedió que un año cuando subieron a rezar en la Casa de oración de Israel en Silo, Ana se quedó mucho tiempo junto al altar rezando con mucha fe y gran fervor. Y el sacerdote Helí al verla mover tanto los labios le dijo: "Ud. debe estar borracha y así no debería venir acá". Ella le respondió: "No estoy borracha, lo que estoy es muy angustiada y he venido a implorar el favor de mi Dios". El sacerdote le dijo: "Vete en paz, que el Señor ha escuchado tu oración".
Entonces Ana le hizo a Dios este voto o promesa: "Si me concedes un hijo varón, te lo ofreceré para que se dedique a servirte a Ti en la Casa de oración". Y se volvió contenta a su casa lejana.
Y al año le dio Dios a Ana su primer hijo, al cual le puso por nombre Samuel, que significa "Dios me ha escuchado", porque ella decía "Dios ha escuchado la oración que yo le hice pidiéndole un hijo".
Cuando el niño ya fue grandecito, la mamá lo llevó a la Casa de oración en Silo y se lo ofreció a Dios para que se dedicara para siempre a servir junto al altar. Y llevó de regalo al templo un novillo de tres años, un bulto de harina y una vasija de vino y entonó un hermoso himno diciendo: "Mi corazón se regocija por el Señor, porque no hay santo como nuestro Dios, pues El a la mujer estéril le permite tener hijos. El Señor hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza; humilla y enaltece. El levanta del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre. El guarda los pasos de sus amigos. El es un Dios que sabe; El es quien pesa todas las acciones".
El sacerdote del templo se llamaba Helí y tenía dos hijos muy atrevidos que cometían muchas fechorías y maldades y el papá no se atrevía a corregirlos. Los pecados de esos jóvenes disgustaban mucho a Dios y el se propuso enviarles un castigo.
El niño Samuel se quedaba cada noche a dormir en la Casa de oración para cuidarla. Y una noche oyó que lo llamaban diciendo: "¡Samuel! ¡Samuel!". El jovencito creyó que era Helí el que lo llamaba y corrió a donde el sacerdote y le dijo: "Aquí estoy señor. ¿Me ha llamado?". Helí le dijo: "No te he llamado. Vete a dormir en paz". Pero la voz de Dios volvió a llamar: - "¡Samuel!, ¡Samuel!". El jovencito corrió otra vez donde Helí para ver para qué lo necesitaba. Y así sucedió por tres veces. Entonces Helí se dio cuenta de que era Dios el que lo llamaba y le dijo: "Si te vuelve a llamar le dirás: Habla Señor que tu siervo escucha". Y así lo hizo Samuel cuando Dios lo volvió a llamar y entonces oyó que Dios decía: "Voy a castigar a Helí y a sus hijos con terrible mal, porque los hijos hicieron grandes males y el padre no los ha corregido".
Y sucedió entonces que los filisteos atacaron al pueblo de Israel. Y los hijos de Helí se fueron con todo el ejército a defender la patria. Y se llevaron el Arca de la Alianza (donde estaba el Maná y las tablas de la Ley con los 10 Mandamientos) y se dio una gran batalla y los filisteos derrotaron a los israelitas e hicieron una gran matanza y asesinaron a los dos hijos de Helí y se robaron el Arca de la Alianza. Cuando un mensajero llegó a contar a Helí que se habían robado el Arca y habían matado a sus dos hijos, el pobre anciano que estaba sentado en una silla, se fue de para atrás del susto y se desnucó.
El pueblo eligió entonces como sacerdote al joven Samuel y Dios empezó a traerle sus mensajes y a guiarlo en todo, porque Samuel era un santo. Los filisteos devolvieron el Arco y hubo paz.
El Pueblo pidió que se le diera una rey. Samuel consultó a Dios, y el Señor le dijo que el rey sería Saúl, el cual era el última de la última familia, de la más pequeña tribu de Israel. Samuel lo llamó y le echó aceite sagrado sobre su cabeza y lo proclamó rey anto todo el pueblo.
Y sucedió que Saúl empezó a desobedecer a lo que Dios ordenaba, y entonces el Señor le dijo a Samuel: "He retirado mi espíritu de Saúl y lo he pasado a David. Irás a Belén y ungirás a ese joven como rey".
Samuel se fue a Belén a buscar a David. Este era un pastor de ovejas y estaba en el campo cuidando los animales. Samuel lo hizo venir y echando aceite sagrado sobre su cabeza lo ungió, y desde entonces el espíritu de Dios vino a David y lo fue guiando en todas sus acciones.
Ya anciano, Samuel reunió a todo el pueblo y les dijo: "Durante 40 años los he guiado espiritualmente. Ahora les pido que si alguno tiene alguna queja contra mí la diga claramente. Y si a alguno le he quitado algo o le he hecho algún mal, que lo diga sin más". Y el pueblo entero le respondió: "Ningún mal nos has hecho y a nadie le has quitado nada, y nadie tiene la menor queja contra ti".
Y así terminó santamente su larga vida este hombre que desde muy pequeñito fue llevado por su madre a servir junto al altar a Dios y que cada día y cada hora, tuvo por único fin de su existencia agradar a Nuestro Señor.




La Biblia y el Arte: Historia del profeta Elías por Carmen Arrebola



Elías anunció al pueblo de Israel que no llovería por mandato de Dios ya que ese era el castigo por adorar a Baal.  Tras esto, se retiró al torrente Kirit. Una vez que este se secó, Dios le ordenó que se fuese a Sarapeta donde encontraría a una mujer que lo alimentaría. Era la última comida que le quedaba y Elías le aseguró que no le faltaría  de comer.
Entonces el hijo de esta murió y al verla Elías tan apenada, pidió a dios por la resurrección del niño, quien volvió a la vida.
Pasaron tres años y le dijo al mayordomo del rey que le avisase  para hablar con él. Así, Elías congregó al monarca al Monte Carmelo y con él a  los 450 profetas de Baal.

Una vez en el Carmelo, Elías pidió que rechazaran a Baal y que siguieran a Yahvé.  Entonces propuso que le diesen dos toros; que eligiesen uno de ellos los sacerdotes de Baal, y él se quedaría con el otro. Dio orden de que los matasen y de que colocasen sobre la leña pero sin prenderles fuego.
Pidió que los sacerdotes de Baal invocasen a su dios para prender el toro. No obtuvieron respuestas. Entonces Elías hizo lo mismo y Dios prendió el toro. Y el pueblo quedó convencido de que Yahvé era el Dios verdadero.    
Entonces los 450 sacerdotes del falso dios fueron degollados por el pueblo. Y anunció Elías  la lluvia que caería de seguido.
Enfadada la reina, mandó matar a Elías quien huyó al desierto. Tras 40  días encontró a Eliseo quien sería su discípulo.
Cuando llegaron al Jordán, Elías abrió las aguas y pasaron. Entonces Elías le dijo a su discípulo que pidiera lo que quisiera antes de separarse. Eliseo pidió participar en las cualidades de su espíritu, «Si me vieres, al ser arrebatado de junto a ti —le contestó— así te ocurrirá a ti».
Y en  un carro de fuego con caballos también de fuego, se llevó el Profeta Elías, envuelto en un torbellino, hacia el cielo.


Fuentes 
 Este relato se encuentra en el libro I de Reyes, de la Biblia.

El profeta Elías en el arte: pintura


Aquí tenemos la obra “El Profeta Elías” del pintor y escultor Daniele da Volterra.  Esta pintura data de 1550 hasta 1560 y la técnica es óleo sobre tela. Su ubicación actual es en el Sammlung PannocchiesnChi d'Elci en Italia.